¿Dónde estaba el púlpito de Jesús?

donde esta el pulpito de jesus.058

Un doctor amigo me aconsejó una vez: «Gordon, cuando prepares el sermón asegúrate de que la última pregunta que te plantees antes de predicar sea: ¿Qué diferencia hará lo que le predique a mi congregación?

La mayoría de lo que conocemos como prédicas de Jesús las exponía en lugares en los que la gente pescaba, recolectaba impuestos y recogía su propia agua. Dio algunas charlas en sinagogas, pero la mayor cantidad del contacto con la gente se daba en los lugares donde estos vivían o trabajaban.

Un predicador (en el caso de que no comparta tiempo con un equipo de predicadores) quizás no reciba más de treinta y cinco oportunidades para predicar y dirigirse a la congregación en el transcurso de un año. Si a esto le descontamos las vacaciones, predicadores invitados, y temas especiales (se me ocurren la Cuaresma o la Navidad), entonces quizás hasta treinta y cinco oportunidades sea mucho calcular.

Entonces, si uno cuenta con treinta y cinco oportunidades para hablarle a la gente en un culto, como el del domingo, ¿cuáles serán los temas a tratar? ¿Y cómo se comunicará con las distintas personas que concurren ese día?

En la mayoría de las iglesias, quizás contemos con cinco generaciones culturales distintas que están en conjunto adorando a Dios. Pensemos en un rango que va de los diez a los noventa y siete años de edad. Puedo afirmar que ese rango se observa en la iglesia de New Hampshire en la que fui pastor durante los últimos años (ahora ya no lo soy).

Un domingo obtuve distintas reacciones a mi sermón, de un niño de siete años y de un hombre (muy despierto) de noventa y siete. Un gran rango de edades.

En un libro que escribí recientemente, A Resilient Life (Una vida resistente), sugiero que es necesario entender a todas estas generaciones y formular preguntas temáticas reflexivas que sean particulares para cada década de la vida (vea más adelante).

Pienso en estas preguntas temáticas cada vez que preparo el sermón. A mis sesenta años de edad soy consciente de que las preguntas temáticas que me planteo en esta etapa son totalmente distintas a las que me planteaba a los treinta años.

Cuando era pastor a los treinta años, me preguntaba por qué los hombres de la edad mía ahora me hablaban tan poco acerca de lo que pensaban o de sus asuntos personales.

Ahora sé por qué.

Creían que yo no entendería lo que les preocupaba.

Hoy día jamás «aburriría» a las personas de treinta años con mis preguntas personales. Tendrían que preguntarme, y yo tendría que sentirme seguro de que no me eludirán ni se reirán de mí.

Pienso nuevamente en ese grupo de hombres con los que me encontraba cada semana, hombres que en el transcurso del tiempo que compartimos plantearon su historia para que todos los demás la escucháramos. Y me pregunto: Si conociera la historia de cada miembro de la congregación, ¿Cómo cambiaría mi forma de predicar?

Es ahí cuando pienso en el diálogo que se desarrolló entre Jesús y la mujer de Sicar, con la que se encontró en el pozo. ¿Qué fue lo que logró una conversación tan poderosa, tan transformadora, tan ingeniosa que desencadenó que una ciudad entera se fuera a sentar a los pies de Cristo? La respuesta es: él conocía su historia, y ella sabía que él la conocía.

http://www.desarrollocristiano.com

Advertisements