Mis pensamientos sobre un gran músico cristiano famoso hallado en adulterio

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Tengo un amigo que es muy famoso. Es un músico por excelencia y sus cantos son conocidos en todo el continente latino americano. Estos cantos son repetidos por millones de cristianos domingo a domingo en decenas de miles de congregaciones. Es difícil estar en alguna celebración, reunión, congreso, concierto o retiro donde alguna de su lírica no sea citada o entonada.

El liderazgo de nuestra iglesia continental le ha brindado su respeto y admiración. Nosotros, el pueblo de Dios nos abandonamos en sus canciones cuando alguna nos quebranta o cuando su mensaje nos reta y nos desafía.

Lo que mi amigo ha escrito es leído por millones y sus ideas han tenido un papel indispensable en el desarrollo del evangelio en latino América. La verdad es que pocos han llegado a tener el nivel de influencia que él tiene aún hoy en estos tiempo tan diversificados y difíciles.

Aunque viene de una humilde familia servidora de Dios totalmente desconocida por las masas, hoy en día no podríamos pronunciar su nombre sin atraer la atención de alguien que haya escuchado de él o de sus canciones.

Equivocadamente muchos piensan que la temática principal de mi amigo es la alabanza y la adoración; sin embargo, él tiene mucho que decir acerca de liderazgo, organización y de la fe.

Tengo que confesar que aunque es mi amigo y le debo tanto de mi crecimiento y vida espiritual, sus tropiezos en la vida no me han pasado desapercibidos.

Su debilidad por una mujer casada lo hizo caer en adulterio. Nunca he sabido si se enamoró de ella o si sólo se enamoró de su cuerpo. Con la intención de tapar su aventura, mintió y utilizó su posición de influencia para manipular la información y asegurarse que el secreto se quedara sólo entre algunos, y que a los demás, las sospechas les quedaran como datos confundidos. Su influencia era tal, que sin que nadie cuestionara, destruyó por completo el hogar de la chica casada.

La verdad es que esto es un secreto a voces que los que estamos en liderazgo y en la enseñanza de la Biblia muchas veces obviamos sólo para permitir que se concentre la atención en las fortalezas populares de mi amigo.

Y yo, ya no debo callar. Debo señalar la verdad acerca de este lado oscuro que mi amigo tiene, ya que sin estos fracasos espirituales, al mundo se le hubiera privado la riqueza poética y espiritual de David, hijo de Isaí, el rey más espectacular que Israel ha tenido. Ningún poeta de antaño permanece tan contemporáneo como David.

La desnudez de su vida se describe a detalle en la lírica más honesta que jamás se haya escrito. Su vulnerabilidad ha quedado para siempre expuesta en la eterna Palabra de Dios.

Acobijado en el centro de la Biblia, está el libro de poemas en donde David dibujó 73 ventanas que nos dejan ver lo oculto de su corazón. Con maestría, David traza puertas que nos invitan a pasar a los cuartos mas íntimos del corazón humano, aquellos lugares que sólo tú pensabas tener y que pensabas que nadie iba a ver.

El neurólogo Richard Cytowich dice que el lenguaje es limitado; no tiene acceso y no puede expresar todo lo que somos capaces de conocer y hacer. Esto quiere decir que parte de nuestro conocimiento personal y parte de nuestras experiencias personales están inaccesibles incluso a nuestros pensamientos internos. Hay más sucediendo en nuestras mentes y corazones que lo que imaginamos.

Por eso, la habilidad de comunicar con lenguaje sencillo sus debilidades y sentimientos profundos ha hecho del poeta David, uno de los mas admirados en su categoría.

La grandeza de David no estaba en su talento musical. La grandeza de David no estaba en su habilidad para la guerra. La grandeza de David estaba en la fragilidad de su corazón, en su vulnerabilidad. No tuvo miedo de hablar de sus fracasos. Esa honestidad le dio fortaleza, porque al botar la fachada no había otro camino mas que buscar la gracia de Dios.

A través de los años he aprendido a querer a David. Como otros personajes del recuento bíblico, David se ha hecho mi amigo al demostrarme su humanidad e inclinación al pecado. . . ; ¡nos parecemos tanto! Ha sido mi compañero de viaje, más como un guía, al ayudarme con su ejemplo a locamente enamorarme de Dios.

Me ha sacado de esa terraza cuando pretendo caminarla en la tarde para dar rienda suelta incontrolable a mis pensamientos sexuales.

Ha interrumpido mis pensamientos cuando he querido engañar y esconder mi pecado.

Me ha quitado la armadura de lujo cuando hipócritamente me la he puesto para esconder mi fragilidad y tratar de parecerme a alguien más.

Si algo necesitamos hoy en día es la vulnerabilidad de David. Los cristianos hoy en día haríamos mucho bien en aprender de este poeta, músico y bohemio medio loco. La transparencia de su vida es un ejemplo a seguir para aquellos que genuinamente deseamos vivir la vida cristiana, no delante de los cristianos, sino delante de la cultura pagana contemporánea.

Los poemas, las canciones de David que llegaron a ser conocidas como “Salmos”, no fueron escritas para la iglesia. Fueron la expresión del corazón artista de David y para que el arte sea arte tiene que ser transparente, tiene que ser real, tiene que ser honesto; precisamente lo que como cristianos debemos ser.

A David, habiendo tenido un fracaso moral, Dios lo usó como un referente. Sus canciones, su arte, donde revela la condición genuina de su corazón, han hecho más por corregir el carácter de una nación que libros enteros de reglas, reglamentos y leyes.

David no se preocupó por adornar su vida con adjetivos descriptivos de santidad y pureza; al contrario, el describió su pobreza espiritual y su relación con Dios abiertamente contrastando tanto con muchas de las canciones cristianas que hoy día tenemos.

¿Quieres impresionar a tus amigos? No fanfarronees con tu espiritualidad y santidad “lite”. Debemos vivir la vida abiertamente, vulnerables, reconociendo nuestra enorme necesidad de la gracia de Dios.

Debemos vivir reflejando claramente el poder transformador de Jesús; pero debemos aceptar que no hemos llegado a la marca y que al igual que a nuestros amigos, la vida nos cuesta vivirla de una manera que agrade a Dios. Porque lo único que nos separa de nuestros amigos es la cruz de Jesús, a nivel del corazón; nuestra inclinación por el pecado es tan latente como la de nuestros amigos y amigas.

Nadie quiere ser amigo de un perfecto. Los cristianos somos muy criticados porque actuamos como si fuéramos perfectos. Hablamos como que no tuviéramos debilidades, pero la gente nos conoce, y sabe, porque ve nuestro caminar, que no somos perfectos, que tropezamos, caemos y nos ensuciamos, pero seguimos actuando como “que no hubiera pasado nada”.

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De mi libro “Agorafobia”

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