Permita Que Sus Líderes Cometan Errores Parte 1

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A lo largo de todo el continente Latinoamericano vi padecer el mismo común denominador: «no queremos soltar a nadie en el ministerio hasta que sea perfecto». Lo curioso de eso es que el Señor a usted lo soltó al ministerio antes de que usted… (mejor no termino esa frase). Si el Señor estuviera esperando su perfección, ¿estaría usted en el ministerio? ¡Qué interesante es descubrir cómo para algunos no se aplica la regla!

Hay un razonamiento muy interesante que quisiera que usted conozca, es el principio de error-corrección. Esta tesis expone que aquello que descubrimos por medio de nuestros errores nos convencerá y enseñará más que aquellos errores que otros han encontrado en nosotros. Este es un principio activo que determina un efecto sobre una causa.

Al descubrir por mi propia cuenta el prin­cipio de error-corrección, la enseñanza y aplicación del mismo es mucho más aprove­chable. En este proceso de error-corrección se aprende constantemente qué hacer y qué no hacer. El mejor ejemplo para este principio es el que se utiliza en la aviación.

 En este proceso de error-corrección se aprende constantemente qué hacer y qué no hacer.

Como muchos saben soy piloto, y una de las cosas que más me gusta hacer es pilotear. Desde muy pequeño, mi sueño era volar aviones. Aún hoy, si estoy conversando con usted y un avión cruza el cielo, me va a dis­culpar unos segundos pero mi mirada cambiará de escenario y mis ojos buscarán el cielo. Indudablemente mi intención será conocer qué tipo de avión es, de qué tamaño y, más o menos, a qué velocidad está volando. ¡Me encantan los aviones!

Una mañana, en 1995, me propuse aprender a volar. Ese mismo día fui al aeropuerto a pedir informes sobre las escuelas de aviación y regresé a mi casa inscripto como alumno. Esa tarde comencé una de las más grandes aven­turas de toda mi vida. Recuerdo el primer día que me senté en el asiento del piloto junto al instructor. Mi primera oración fue encomen­darme en las manos del Señor. Luego de una serie de varios errores aprendí a pilotear.

Mi instructor, una persona muy crucial a la hora de aprender a volar, estaba siempre a mi lado. Cuando cometía una equivocación, él me corregía. Considere usted que en la aviación algunos errores pueden costarle la vida. Por esa razón le agradecía a Dios que el instructor siempre estaba cerca. Al aprender a aterrizar, los intentos fueron muchos y con cada error, él me corregía. Frente a un intento frustrado de aterri­zaje, probé bajar otra vez, pero en esta oportunidad ocurrió algo muy peligroso: Piqué la pista con la llanta ubicada en la nariz de la avioneta. Esto es muy peligroso porque el rebote es cada vez más alto. En el tercer salto el avión puede elevarse tanto que tal vez el pasa­jero termine «patas pa’arriba».

El instructor tenía una frase que era la que salvaba el momento. Cuando veía que definitivamente yo no podía hacerlo, gritaba: «¡Mi avión!». Estas eran las pala­bras que me indicaban soltar el mando y él tomaba control de la situación. El instructor corregía el error y aterrizábamos correctamente. Cada vez que escuchaba esa frase ciertamente le daba gracias a Dios. Hoy recuerdo cuando frente a un momento de mucha dificultad ante los mandos, grité: «Tu avión».

Continuará espera la segunda parte!

Autor: Marcos Witt / twitter: @MarcosWitt

Adaptado por : David Munoz / twitter: @Davidmunozh

Extracto del libro “Cómo Ejercer la Verdadera Autoridad”

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