Calzoncillos y medias

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Si alguien me preguntara cuál es la patología que afecta a gran parte de la juventud cristiana, diría que es el legalismo de la mente. Hay una gran cantidad de personas que no se permiten pensar o crear, o no quieren, lo que es peor.

La gran mayoría tiene un montón de sueños, pero no logra concretarlos porque su mente no se lo permite. Y cuando hablo de mente, me refiero a esos dogmas que solo cumplen la patética función de limitar el futuro y la creatividad.

Hace poco un entrevistador de una radio me dijo que había una versión dando vuelta, que yo “estaba lleno de dinero”, y que porque me sobraban los auspiciantes es que podía concretar proyectos. Solo Dios sabe cómo nos reímos con esa pregunta.

En catorce años de cruzadas y sueños hechos realidad, jamás hemos tenido un sponsor o un equipo de empresarios que corren con los riesgos financieros. En cada cruzada, como lo será la que realizaremos en River Plate, invertimos una fortuna por el solo hecho de predicar tres horas en un estadio y llegar a
muchos jóvenes de una sola vez, sabiendo que no cobraremos entrada ni levantaremos ofrenda. Todo es a base de oración y fe. En ocasiones nos llama gente que quiere sembrar; en otras, simplemente el milagro divino, sin explicaciones racionales.

¿Cómo lo hacemos?, con dos premisas esenciales: sembrando todo cada vez, y sin ningún tipo de limitación mental.

Hasta que tuve diez años, en cada Nochebuena o día de Reyes me regalaban calzoncillos y medias.
– Son muy útiles, hijo -decía mamá-.

Era lo que se podía hacer con el austero presupuesto de aquel entonces. Nunca algo divertido. Un día un tío me dijo que me regalaría lo que quisiera. Lo que pidiera. Lo soñado estaba al alcance de mi mano, pero mi mente estaba muy acostumbrada y limitada al presupuesto familiar.

– ¿Dos calzoncillos? -le pregunté.

Mi tío se echó a reír, y entonces me regaló un karting. Es que mi mente solo estaba preparada para ambicionar medias y ropa interior. Hay mucha gente que mantiene esa relación con el Señor. Su mente está tan limitada a lo escuálido, que no saben pedir, no se permiten soñar, crear o pensar en grande.

Disfrazan su estrechez mental de espiritualidad: “Señor, no te pido mucho, solo quiero servirte en lo poco, en humildad, aunque sea en algo pequeño”. Los “aunque sea” siempre fueron los peores enemigos de lo mejor.

Cuando descubrí que Jesucristo es el Señor de las multitudes, comencé a soñar con estadios. Cuando supe que las limitaciones solo estaban en mi mente, y descubrí que Dios era más grande que mi presupuesto, ya no hubo límites. Aún recuerdo aquella oración inicial. Reconozco que fue algo infantil. Le dije:

– Señor, tú dices que la mies es mucha y los obreros son pocos… te propongo que me prestes los oídos de esta generación, y yo trataré de conducirlos a ti; y para hacerlo en el menos tiempo posible, tráelos de a miles.

¿Por qué pedir algo pequeño, teniendo frente a mí al Dios de lo mejor? Ese es el gran secreto: cuando Dios quiso inspirar a Abraham para que tuviera un hijo, le mostró las estrellas y le habló de multitudes. Es que nuestro Dios siempre será mucho más que calzoncillos y medias.

Autor: Dante Gebel / Dantegebel.com

Editor: David Munozh / twitter: @Davidmunozh

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