Liderando con el Corazón

 

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El liderazgo también tiene que ver con los sentimientos, con la capacidad de inspirar a los demás. El corazón puede llegar a ser el que guíe la empresa hacia el camino del éxito.

El corazón puede llegar a ser el que guíe la empresa hacia el camino del éxito.

Hace ya varias décadas Abraham Maslow planteó el concepto de “Jerarquía de Necesidades”, en el cual demostró que la máxima satisfacción humana se presenta cuando el individuo logra saciar sus necesidades de reconocimiento y auto superación. Pues bien, aunque las teorías de Maslow son enseñadas en todas las escuelas de negocios en los primeros años y la gran mayoría de los ejecutivos de alto nivel tiene conocimiento de ellas, la verdad es que son muy poco aplicadas al interior de las empresas.

El “liderazgo de corazón”, que seguramente no se encuentra en ninguna cátedra de estilos de liderazgo, cimienta sus bases en una razón lógica y muy clara: Si los individuos tienen la necesidad esencial del reconocimiento y la aprobación, el líder verdadero es aquel que entiende que ofreciendo reconocimiento y aprobación no está mostrando debilidad, sino más bien mucha tenacidad.

los individuos tienen la necesidad esencial del reconocimiento y la aprobación

Es lógico que el lector se pregunte ¿qué clase de discurso romántico y soñador es este? El mismo autor de este artículo cuando escuchó del “estilo de corazón” pensó que sería algo utópico y poco realizable, pero cuando se entiende mejor el concepto seguro que la percepción cambia.

Existen varias destrezas que se pueden aprender y que resultan claves para un líder, la habilidad de negociación, la oratoria, el centrarse en resultados, la capacidad de escuchar y el pensamiento estratégico son algunas de ellas, pero todas siempre se enfocan en habilidades “tradicionales” del líder como se conoce habitualmente, ninguna de ellas en otro tipo de líder que se enfoque más en lograr resultados y en la forma de conseguirlos que en simplemente conseguir resultados.

Suena enredada la cuestión, pero no es así. Cuando se consiguen resultados a toda costa, despidiendo empleados “improductivos” o cuando los directivos sólo se dedican a impartir órdenes que permitan alcanzar las ventas presupuestadas, se está dejando de lado el factor más importante de toda organización, la gente.
Cuando se logran los resultados, se hace un esfuerzo conjunto entre todos los miembros de la organización, se convierte a la empresa en un magnífico sitio para trabajar, las personas disfrutan y no se levantan todos los días pensando “otra vez a recibir órdenes del jefe” porque saben que ellos cuentan en la compañía.

El buen líder equilibra la obtención de resultados con la forma de alcanzarlos. No es que conseguir resultados o mejorar las cifras trimestre tras trimestre sea malo, lo que ocurre es que sería mejor obtener estas mejoras en el desempeño a la vez que se crea o implementa una cultura en la que las emociones sean las creadoras de la ventaja competitiva. Tampoco quiere decir que el directivo deba transformarse en psicólogo y que atienda a sus compañeros en un diván para buscar terapias que les ayuden a superar sus problemas. Lo que quiere decir el “liderazgo de corazón” es que acreditarle los buenos resultados a toda la gente partícipe de ellos y reconocerle a cada uno su importancia, son factores que generan mejores relaciones personales y ambientes de trabajo más productivos.

La responsabilidad del líder es motivar a todas las personas de la organización. La trama del asunto está en la motivación con base en el reconocimiento, pero no sólo a un pequeño grupo de personas que se encuentren rodeando al líder, sino a todos y cada uno de los miembros de la organización. Si es pequeña será fácil la tarea del líder, pero si es grande tiene que esforzarse y salir a hacer “trabajo de campo”, conocer a sus vendedores, a los gerentes de cada sucursal y hacerles sentir que su contribución personal es esencial para el éxito de la organización.

La responsabilidad del líder es motivar a todas las personas de la organización

La clave se encuentra en motivar a las personas con base en el reconocimiento. El directivo puede pensar que demostrar sus emociones puede ser considerado como síntoma de debilidad, pero al final de cuentas, se trata simplemente de interesarse realmente por las demás personas y demostrárselo con humildad, generosidad y respeto.

Implemente el “liderazgo de corazón” y notará la diferencia.

Autor: Carlos López

Apadato por: David munozh / Twitter: @DavidMunozh